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100 años de evolución en la devoción rociera

De lo local a lo universal

Cuando hace 100 años el cardenal Enrique Almaraz y Santos colocó sobre las sienes de a Blanca Paloma la corona con la que la Iglesia Católica reconocía su importancia, quienes presenciaban el momento no podían siquiera imaginar que aquella devoción pequeña, prácticamente local o reducida a un ámbito comarcal, se convertiría en lo que es hoy día: la devoción mariana más importante del siglo XXI. La Coronación Canónica de la Virgen del Rocío fue, efectivamente, un espaldarazo a la fe que se profesaba a una pequeña imagen, con un magnetismo especial que había conquistado incluso a miembros de la Casa Real que frecuentaban los inhóspitos parajes en los que se enmarcaba la ermita de la Blanca Paloma.

Procesión de la Santísima Virgen del Rocío, imagen tomada en 1918. Fotografía cedida por Javier Coronel.

Gracias a la insistencia del canónigo hinojero Juan Francisco Muñoz y Pabón, que no dudó en utilizar su buena posición en la Iglesia y en la sociedad sevillana para llevar a cabo su empresa, el momento de la Coronación Canónica llegó el 8 de junio de 1919 y la devoción rociera experimentó un despegue inusitado, con la ayuda del eco que los medios de comunicación de la época le proporcionaron con la publicación de la narración de los hechos e imágenes de aquel día.

Sin embargo, el emplazamiento de la casa de la Reina de las Marismas seguía sin ser el más idóneo para que la devoción por ella se pudiera desarrollar de forma óptima. Las comunicaciones eran pésimas o directamente inexistentes, no llegaba la energía eléctrica y acceder a la zona de humedales en la que se encuadraba entonces la pequeña ermita era harto complicado. Para colmo, la pequeña ermita no daba abasto para acoger a los fieles que iban llegando al Rocío.

Fue el obispo de Huelva, monseñor Cantero Cuadrado, quien llamó la atención sobre los factores que impedían el desarrollo de la romería y sugirió la construcción de un nuevo Santuario a mediados de los años 50, aunque no fue hasta 1961 que el Cabildo General de la Matriz acordó levantar ese nuevo templo que fuera adecuado para el estatus de la Patrona de Almonte y para albergar al creciente número de devotos que su fe iba aglutinando. En 1964 se pondría la primera piedra de una ermita que hoy estáreconocida como Santuario Nacional y que no culminaría su construcción hasta 1969.

Fue el obispo de Huelva, monseñor Cantero Cuadrado, quien llamó la atención sobre los factores que impedían el desarrollo de la romería y sugirió la construcción de un nuevo Santuario

Pero algo antes, en los años 50, llegó un hito largamente demandado que supondría una revolución para la devoción rociera y para las vidas de los almonteños y de la aldea del Rocío en particular. Gracias también a la intercesión y la insistencia de Cantero Cuadrado, la infraestructura se realizó y se culminó hacia finales de esa década, aunque no sin sobresaltos, ya que el proyecto planteaba la llegada de la vía hasta la puerta del Santuario, lo que ocasionó airadas protestas por parte de los almonteños.

La construcción de la carretera sí que supuso un despegue en el crecimiento de la romería que ya no frenaría salvo por cuestiones muy puntuales y circunstanciales, nunca relacionadas con motivos religiosos sino más bien con cuestiones económicas o incluso sanitarias, como ocurrió con el brote de peste equina acaecido a finales de los años 80 que en 1990 impidió la presencia de caballos – a excepción de los mulos que tiraban de los Simpecados, en la romería de aquel año. También las crisis económicas que ha padecido España, especialmente la de 2007, han provocado una menor asistencia.

Esto no significa necesariamente una disminución del sentimiento rociero, más bien al contrario, una vuelta a una romería más tradicional y sencilla, tras el “boom” que experimentó la romería en los años 80 y 90. La difusión por parte de los medios de comunicación, sobre todo la prensa del corazón, de las romerías de personajes famosos, así como las visitas de la Reina Sofía, la última de ellas acompañada de sus hijas, las infantas Elena y Cristina en 1984, sirvieron también sin duda de altavoz para el embrujo de esta cita mariana que año tras año alcanza el millón de asistentes.

La atracción que ejerce la devoción por la Blanca Paloma ha conllevado igualmente un proceso de internacionalización que ha dado como resultado la creación de numerosas asociaciones rocieras en lugares tan dispares como América del Sur y Australia, y que en el año 2000 tendría un nuevo hito: la admisión como filial de la Hermandad de Bruselas, la primera y de momento única con la que cuenta el Rocío de fuera de las fronteras españolas.

Numerosas asociaciones rocieras en lugares tan dispares como América del Sur y Australia, y que en el año 2000 tendría un nuevo hito: la admisión como filial de la Hermandad de Bruselas

La conmemoración del Centenario de la Coronación Canónica de la Virgen del Rocío es, por tanto, mucho más que el recuerdo de una fecha o un hecho concreto: supone para Almonte y El Rocío hacer balance de la proyección que la fe y el amor por su Patrona ha experimentado, de forma asombrosa, en los últimos 100 años.

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