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Con la mirada puesta en las mejoras del paso

La rotura de uno de los varales del palio de la Virgen en el año 2011 abrió un intenso debate que ha culminado con la acometida de una serie de cambios que hoy se ponen a prueba.

Fue la procesión más corta que se recordaba y terminó de forma abrupta, alrededor de las ocho de la mañana, en las inmediaciones del Real. Era 13 de junio y el caminar de la Virgen del Rocío por la aldea almonteña había sido, hasta ese momento, más accidentado de la cuenta: el paso había tocado el suelo en varias ocasiones y los continuos vaivenes produjeron, finalmente, la rotura del varal delantero izquierdo del palio. Miles de corazones se pararon por un instante y a pesar de los esfuerzos de los almonteños, que intentaron fijar el varal con la ayuda de sus pañuelos, la procesión tuvo que ser suspendida por primera vez en la historia de la devoción rociera.

Aquella traumática experiencia brindó sin embargo bonitas imágenes de las hermandades que no habían llegado a recibir la visita de la Virgen acercándose al Santuario con sus Simpecados

Aquella traumática experiencia brindó sin embargo bonitas imágenes de las hermandades que no habían llegado a recibir la visita de la Virgen acercándose al Santuario con sus Simpecados; estampas inéditas de rezos en la mañana del Lunes de Pentecostés y también muchas lágrimas de los que veían frustrado su deseo de ver procesionar a la Blanca Paloma. Pero, sobre todo, abrió un intenso debate entre sus custodios sobre qué cosas era necesario cambiar para salvaguardar, por encima de todo, la seguridad de la venerada imagen.

Detalle del Manto de los Apóstoles diseñado por Joaquín Castilla. Fotografía: Rocio San Pedro.

Fue así como, en primer lugar, se aceptó de buen grado por parte de los almonteños el establecimiento de un pasillo que recorriera el centro del Santuario para que la Virgen, una vez los hombres saltaran la reja, pudiera salir del templo más fácilmente. En realidad, esta medida intenta evitar la presión de la masa sobre el paso, con lo que se consigue que los hombres puedan trabajar mejor bajo las andas y propicia, a su vez, que siga una trayectoria lo más recta posible.

Esta ha sido también una de las preocupaciones de la Hermandad Matriz, que intenta en la medida de sus posibilidades que el itinerario que sigue la Blanca Paloma en su visita a las distintas filiales sea también lo menos farragoso posible, aunque como siempre han explicado, al final el devenir de la procesión está en manos del pueblo de Almonte.

No se puede controlar tampoco, insisten desde la Matriz almonteña, el enorme crecimiento que ha experimentado la devoción rociera y por tanto, el aumento proporcional de los devotos que en la madrugada del Lunes de Pentecostés se agolpan en las calles de la aldea para contemplar a la Virgen en su salida anual. Esto incide en esa presión que han de soportar quienes portan el paso y también dificulta las salidas de quienes se cansan y las entradas de los relevos.

Sin embargo, sí que se podían acometer ciertas medidas de carácter técnico tendentes a hacer del paso un elemento más estable. La Hermandad Matriz estudió durante un año entero, con la colaboración de ingenieros, las mejoras que podían afrontarse y que la puesta en marcha de estas, en un momento dado, no diera como resultado la aparición de problemas imprevistos.

Una vez realizados los estudios técnicos, la Matriz decidió ponerlas en marcha. Comenzó el trabajo de los carpinteros y orfebres, que acometieron la creación de una nueva base 30 centímetros más grande por cada lado, lo que ha permitido la incorporación de un quinto banco tanto por delante como por detrás.

El centro de gravedad desciende y como consecuencia, aumenta el equilibrio y se evitan inclinaciones excesivas. 

Esta modificación, que se suma al alargamiento de las carruchas que la Matriz afrontó en su momento, no sólo permite que más personas trabajen bajo las andas de la Blanca Paloma durante la procesión, sino que, además, al ampliarse el suelo del paso –no el paso en sí, que no sufre ningún cambio-, el centro de gravedad desciende y como consecuencia, aumenta el equilibrio y se evitan inclinaciones excesivas. Además, los varales quedarán más adentro y será más difícil colgarse de ellos, una práctica que desestabiliza sobremanera el paso. Y todo ello sin que quienes contemplan la procesión perciban variación en la estampa general de la misma.

La Hermandad Matriz ha optado por conservar la base antigua como medida de precaución y por no aplicar la plata a la nueva base hasta que no se compruebe fehacientemente el resultado de los cambios. Una vez se constate que todo marcha según los cálculos iniciales, se procederá a aplicar la plata.

Con un terno emblemático.

La novedad del paso contrastará con lo tradicional del vestido y el manto que lucirá la Virgen en la procesión de Pentecostés de 2018. La Blanca Paloma fue ataviada por las camaristas con el pasado 3 de mayo con el traje y el manto de las Hermandades, más conocidos como de los Apóstoles, el rostrillo de Muñoz y Pabón y adornada con hibiscus blancos y amarillos, los colores vaticanos, en alusión a la conmemoración del 25 aniversario de la visita del Papa San Juan Pablo II al Rocío, que aconteció el 14 de junio de 1993.

El traje y el manto de las Hermandades es uno de los más emblemáticos de cuantos componen el ajuar de la Blanca Paloma. Lo estrenó en la romería de 1956 y es obra del artista sevillano Joaquín Castilla Romero, a quien Ignacio de Cepeda y Soldán aproximó a la devoción rociera cuando le encargó la carreta del Simpecado de la Hermandad de La Palma del Condado.

El índice utilizado para establecer la suma de cada cual supone hoy día una curiosidad: su capacidad de producir aceite.

Tuvo un coste de 275.000 pesetas de la época, que se recaudaron mediante donativos aportados en función del poder adquisitivo del donante. El índice utilizado para establecer la suma de cada cual supone hoy día una curiosidad: su capacidad de producir aceite.

Fueron las monjas del convento de Santa Isabel de la calle Hiniesta las que durante cinco años bordaron la compleja obra, que finalmente fue estrenada sin acabar. Las tallas de marfil de las cabezas de los ángeles y las cabezas, pies y manos de los santos que ilustran el manto fueron realizadas por Juan Miguel González.

Se trata de un conjunto cargado de un enorme simbolismo y planteado en un estilo que evoluciona del renacentista al barroco. El manto contiene en el centro una gran alusión al Espíritu Santo realizado en plata por Manuel Seco Velasco, una paloma a la que rodea un gran resplandor, con perlas y rubíes, y el escudo de la Matriz, mientras que en su orla inferior aparecen los escudos de todas las hermandades que existían en aquel momento, un total de 28.

También muestra cenefas con diversos santos relacionados con la vida de la Virgen María, como San José, San Joaquín, San Juan Evangelista o San Lucas. Igualmente, encontramos una orla con símbolos marianos: Espejo de Justicia, Pozo de Aguas Vivas, Casa de Oro, Lirio entre Espinas, entre otros.

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