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Lluvia de fervor e impaciencia antes del “salto de la reja”

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a jornada de ayer fue la de los nervios, la impaciencia, esa que como cuentan los almonteños, se vive con un nudo en el estómago. Para el pueblo de Almonte es el día más grande de todos los marcados en el calendario, es por ello que durante todo el domingo hay nervios generalizados entre las familias almonteñas, hasta las caras se muestran distintas. Los hombres saben que meterse bajo las andas de la Virgen es un signo de amor y devoción, para devolverle a la Reina todo lo bueno recibido durante el año. Las esposas, madres y hermanas viven con cierta preocupación las horas previas a saltar la reja, acompañan a los hombres de la familia hasta el momento de meterse debajo, y como muchas manifiestan, también sienten el impulso de hacerlo. Según los almonteños, existen ciertas normas para aquellos que quieran estar cerca de la Virgen, pero lo más importante es que dejen hacer su labor a los hombres que tienen experiencia. Al fin y al cabo y como reza la sevillana…”como los almonteños Paloma no hay quien te lleve”.

Dentro de la preparación de este espectacular evento, casi todo lo relacionado a la procesión de la Virgen es improvisado, se hace tal y como lo impulsa el cuerpo del almonteño

Cadena humana formada por los almonteños para facilitar la salida de la Virgen. Fotografía: Rocio S. Pedro.

Dentro de la preparación de este espectacular evento, casi todo lo relacionado a la procesión de la Virgen es improvisado, se hace tal y como lo impulsa el cuerpo del almonteño. En las casas, las familias preparan las ropas de abrigo, el cómodo calzado o las bebidas calientes que ayudaran a sobrellevar la larga madrugada. Cuando la Virgen sale a la calle, en su recorrido tradicional, visita todos y cada uno de los 121 simpecados de las filiales de la Matriz almonteña, y es en algunos de estos puntos donde se suceden los cantos y plegarías más emotivos de toda la romería, letras de sevillanas con voces desgarradas y llantos por ver por fin a la Blanca Paloma en las arenas de la aldea. 

En el interior de la ermita, muchas son las personas que se acercaron a ver a la virgen antes de salir de procesión. Cabe destacar el trabajo en equipo del personal de la Hermandad Matriz y las fuerzas de seguridad. Además de los santeros, cinco o seis dentro de la reja, cuatro hombres cubren las puertas de acceso a la ermita y hay personal en la sacristía y en el altar. La guardia civil y las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado se vuelcan en el control de acceso al Santuario, para que no exista una aglomeración que pueda poner en riesgo la seguridad de los romeros que desean ver de cerca el salto de la reja.

En 2012 un gran pasillo que ocupaba la gran nave central de la ermita, alivió la presión tanto del simpecado almonteño para llegar al altar, como el transcurrir de la patrona de Almonte hacia la salida. Esto supuso un gran acierto por parte de los hombres de la Virgen, ya que desde entonces, la procesión es más segura y ordenada.

Por otro lado, en el Rocío, se puso en marcha el denominado ‘Dispositivo Ermita’, un operativo especial dentro del Plan Aldea que, instalado en la zona del paseo de la marisma, ofrece una pronta respuesta a la emergencias que puedan suceder durante la madrugada, momento de mayor concentración de personas en el entorno del santuario, coincidiendo con la salida procesional del mismo. Desde las 20.30 horas se instaló un Hospital de Campaña y un Puesto de Coordinación.

Por otro lado, en el Rocío, se puso en marcha el denominado ‘Dispositivo Ermita’, un operativo especial dentro del Plan Aldea, instalado en la zona del paseo de la marisma

La lluvia de la tarde dio lugar a situaciones simpáticas. Fotografía: Luis de Vega.

Las horas previas al momento álgido de la romería fueron protagonizadas por los chaparrones, que se descargaron con fuerza sobre la aldea. Así los rocieros, a pie o en charrets y caballos que paseaban por las calles de arena del Rocío, corrieron a buscar cobijo, y a cubrirse con los más diversos atuendos, ofreciendo una imagen bastante llamativa. 

El domingo también es un día en el que se preparara todo para despedir la romería y pensar ya en el camino de vuelta. Las pisadas se hundirán por última vez en los blancos arenales de la aldea. Hay cansancio en el cuerpo y gozo en el corazón. La marisma comenzará a anhelar ya las carretas.

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